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La levedad del tiempo personal

Uno de los puntos siempre “pendientes” en mi dizque agenda personal es disponer de tiempo libre para hacer cosas que me gustan: caminar sin rumbo fijo (mejor si es desde un barrio de verdad perdido hacia el centro de la hoyada), leer en el sosiego de la modorra de fin de semana, hacer música en solitario o ver una película que te humedezca la cara o te saque risas o sonrisas mal disimuladas.Otros pendientes menos gratos se añaden a esa lista con aire de perversidad doméstica: arreglar el archivo de documentos, resolver desperfectos domésticos de toda índole y tratar de limpiar y ordenar una casa que en su caos tiene un sentido de orden y distribución que he llegado a tolerar con simpatía.

Con cuatro décadas y más encima, soy de una época más simple, con códigos y valores diferentes y donde snapchat, face o instagram no habían reemplazado lo vital de comunicar y escuchar en “vivo y directo”. La construcción de sentidos ha cambiado tanto que ahora basta un pequeño aparato y dos pulgares para abstraerse de un mundo que quizás es demasiado cruel y ajeno a los hijos “ninis” que abundan en toda familia (la mía no es la excepción).

Extraño muchas cosas de ese otro tiempo, probablemente porque no entiendo y me resisto a una época compleja, llena de artilugios, tecnología y nuevos códigos de conducta. He decidido que mis “pendientes” dejen de estar en la vereda del frente y se vengan acá cerca mío, mientras más íntimos y personales mejor y con la bandera de una misantropía moderada.

Después de darle vueltas al asunto, he elaborado una nueva lista de pendientes (incompleta de forma permanente), pero con un aire  más propio y sincero con mi contradicción. Entre algunas cosas que quiero priorizar están:

  • Disfrutar de la magia de la radio: En mi tierna infancia la radio me llevaba a mundos imaginados e imaginarios, llenos de personajes y situaciones particulares. Aún hoy sobreviven radios en esta ciudad donde la palabra se respeta y se dignifica y dónde la música es un complemento y no un pretexto facilón de programación. Desde los riffs de la casa Juvenil de las Culturas con mi amigo Jaime Palillo a cargo hasta la nostalgia de radio Mundial. La oferta está planteada.
  • Buscar el espíritu paceño: El tránsito de ciudad a metrópoli ha herido de muerte costumbres  de tiempos más felices (por lo menos para mí). Dejar de lado la comodidad del coche para caminar por las estrechas callejuelas de Chuquiago, comer salteñas sentado en una plaza, buscar (quizás infructuosamente) al viejo heladero de la plaza Avaroa que empujaba un carrito azul y que sólo vendía helados de barquillo a 50 centavos o pasear por los tambos donde caseras gordas como garrafas administraban un reino frutal interminable.
  • Intentar hacer una memoria fotográfica: Pierre Bordieu se refería a las fotos familiares como un signo distintivo de las prácticas burguesas y de la legitimación y construcción de su “hábitus” de clase. Nada más gratificante aún que comenzar a ver fotos en blanco y negro y revisar el archivo fotográfico digital para ver como todo cambia, como las sonrisas de la juventud se trastocan en las caras serias de la madurez, o cómo los bebés que teníamos en brazos ahora son miembros de nuevas familias o como la juventud de nuestros padres se contrasta con los pliegues intensos de la vejez.la magia de las fotos está ahí: trae fugazmente de vuelta realidades que habíamos olvidado y que registramos porque nos hacían muy felices en cierto momento.
  • Leer más papel y menos pantalla: Qué paradoja pero que verdad más real. En tiempos de redes sociales es muy difícil negarse la oportunidad de estar “conectado” con el mundo, pero haré el esfuerzo de darme un tiempo para sentarme los domingos,o sábados a leer el periódico o un buen libro sin las prisas del ahora, con el espíritu de disfrutar de lo textual y de la recreación de mi imaginación.

Y bueno, puedo aumentar la lista, pero no tiene caso. Mejor algunos puntos para el futuro inmediato. Eso sí, me daré una licencia personal: Retoma´re el mal hábito de poner en texto las cosas que pasan por mi cabeza o me sacan sonrisas o lágrimas. Tengo una máquina de escribir pero eso sería muy friki, así que usaré nomas este blog que había dado por muerto.

POSDATA: Me olvidé algo central. Ver por enésima vez la película Chuquiago (En la foto de abajo el Isico trabajando duro en una de las mejores escenas de la película). Ahí descubro al hechicero del Ande.

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